Metro y trenes de cercanías y su futuro convergente en el transporte urbano

tren de cercanias

Metro y trenes de cercanías tienen un plan para el futuro urbano

La población del mundo se moviliza al ritmo de las ciudades y según patrones urbanos. La ciudad es cada vez más un espacio para trabajar pero también para vivir. Cuando la Humanidad abra el calendario del año 2030, 105 ciudades del mundo alcanzarán y superarán los cinco millones de habitantes.

Bajo ese panorama en el que la ciudad superpoblada será el próximo espacio natural de referencia humana, sólo cabe una opción: mejorar la habitabilidad en esas circunstancias.  Humanizándolas, pasando por adaptar las mejores conexiones todo tiempo de las ciudades con su entorno y entre las partes de sus distritos. Hablamos de optimizar la movilidad. Pero ¿cómo?

De entrada, aprovechando las infraestructuras que ya existen, previendo su desarrollo futuro, pero conectándolas entre sí como se hace en otros medios de transporte de más capacidad. Uniendo bajo un mismo patrón de interconexiones al metro y a la red de trenes de cercanías y llevándolas a otro nivel como se hace con el transporte aéreo y con las infraestructuras aeroportuarias que son un ejemplo de asimilación de movilidades.

 

El coche como rival

Si el vehículo familiar sigue siendo la fórmula de transporte más extendida en las congestionadas calles de las ciudades es por la sencilla razón de que para el ciudadano no existen otras alternativas suficientemente válidas del transporte público que le garanticen el nivel de movilidad y confort de su coche privado.

Cualquier plan para crear una red combinada con metros y trenes de cercanías tiene que pasar por mejorar la movilidad del ciudadano y conseguirlo de una manera natural, sencilla, invitativa, sin que los cambios supongan reducciones de confort y resten calidad de vida.

La construcción de una movilidad mejorada con servicio de transporte en metro y con trenes de cercanías pasa por ofrecer una opción revolucionaria, llegar desde donde sea de fuera de las ciudades, directamente a un área menor de trescientos metros del lugar de destino.

Diferentes estudios han demostrado que una estación de metro o de cercanías situada a más de trescientos metros de distancia de un domicilio o de un centro de trabajo es un trecho psicológica y físicamente tan grande como para que la pérdida de tiempo y el esfuerzo de llegar de o hasta ella a pie merezca la pena para el ciudadano medio.

De lo que se trataría sería ofrecer un cambio de planes para el uso del transporte. Una filosofía que podría denominarse de puerta a puerta y que acercara los lugares de origen y de destino de una manera atractiva.

Por ejemplo, con atajos contemplados en el urbanismo, con puentes, con viaductos sobre nivel que pudieran enlazar vías rápidas con la ayuda de cintas transportadoras y otras conexiones fáciles con la red de autobús que usen en exclusiva carriles sólo bus.

Otra cualidad que habría que implementar en los trenes de cercanías sería la del aumento de sus velocidades entre estaciones, no para competir con el AVE, pero sí para ofrecer tiempos de viaje más cortos. Una solución para conseguir esas velocidades altas es la utilización de una tecnología ya existente, la de levitación magnética, por la que un tren se desliza sin tener contacto con la vía y gracias a la fuerza del electromagnetismo. Se trata de un medio de transporte más eficiente y más rápido.

 

Diseños de estaciones

Nuevos diseños de las estaciones de metro y de cercanías ofrecen más beneficios. La idea básica sería la de superponer unas a otras para conseguir un mejor rendimiento en los espacios dedicados al transporte y en una línea vertical, bajo tierra, que no generen carga sobre las áreas urbanas de superficie. Pero, que, al mismo tiempo, mejoren la conectividad entre líneas.

Una movilidad que aún se puede optimizar más facilitando accesos ergonómicos, adaptados a la circulación interna a pie entre plataformas y estaciones para desplazamientos y tiempos mínimos en todas las combinaciones posibles. Una tecnología que ya existe y que se aplica de manera limitada en áreas urbanas dependientes de estaciones de autobuses o de tren.

El objetivo es llevar esa capacidad de conexión vertical profunda y optimizada a toda la ciudad y de la misma manera en la que se gestiona el transporte aéreo a gran escala en las aerovías saturadas de nuestros cielos y en la circulación por los pasillos que llevan hasta las salas de embarque de esos mismos aeropuertos.

En la actualidad, las pasarelas o cintas a nivel permiten ir más rápido que al paso de pie con velocidades de hasta dos metros por segundo y hasta un 70% más veloces que otros métodos de movilidad análogos como los de las escaleras mecánicas o los ascensores.

Conexiones, puentes, levitación magnética, racionalización de la red, conectividad extrema y todo tiempo, automatización de la red de metro y de cercanías. Todo existe, toda esa tecnología se aplica ya, sólo falta conectarla de verdad bajo criterios de eficiencia e integración.