Gestión de aguas de lastre en transporte marítimo

Utilizar agua como lastres es algo totalmente extendido dentro del universo marítimo desde el siglo XIX. Y es que, gracias a este elemento, el cual es fácilmente accesible para cualquier embarcación, es indispensable para proporcionar la estabilidad que la nave necesita a la hora de navegar. Sin embargo, presenta diversos inconvenientes a diferentes niveles. Aquí vamos a hablarte de cuáles son, por qué pueden llegar a ser muy graves y cómo es posible hacerles frente.

¿Qué son las aguas de lastre?

Pero, antes de nada, queremos centrarnos en explicar un poco más en profundidad el concepto de agua de lastre. Hay que tener en cuenta que, antes de zarpar, con el propósito de estabilizar la embarcación, es indispensable introducir dentro de bidones específicamente creados para ello, un determinado volumen de agua. Esto se debe, fundamentalmente, a que el peso de la nave no está compensado por sí mismo ya que la ubicación de los motores está en un extremo y la carga es variable.

La cantidad de agua de lastre necesaria para compensar una embarcación depende, fundamentalmente, de su tamaño. De hecho, algunos pequeños barcos pesqueros pueden requerir en torno a unos pocos centenares de litros, mientras que los grandes buques pueden necesitar varios cientos de toneladas. Usar agua de mar es indispensable ya que así se abaratan los costes. Al fin y al cabo, es un recurso gratuito e inagotable.

Sin embargo, al coger agua de mar para usarla como lastre, se introducen en los compartimentos de carga infinidad de microorganismos, moluscos y muchos otros seres vivos autóctonos del lugar en el que se realiza la acción. La mayoría de ellos puede sobrevivir, sin excesivos problemas, dentro de estos bidones. El problema llega cuando, en el momento de atracar en el puerto, este agua es liberada de nuevo en un lugar completamente diferente y con un ecosistema distinto.

Para que te hagas una idea, según diversos estudios, cada día los barcos transportan un total de 10 mil millones de toneladas de agua de lastre que, en su interior, contienen hasta 7000 especies diferentes de microbios, larvas, bacterias, etc. Al ser liberadas, desequilibran por completo el ecosistema que se encuentran, lo que tiene efectos devastadores en términos medioambientales y, en algunos casos, sobre la salubridad del agua y la seguridad del consumo humano.

Medidas preventivas frente al impacto de las aguas de lastre

En 2004 fue aprobado el Convenio Internacional para el Control y la Gestión del Agua de Lastre y los Sedimentos con el propósito de reducir el impacto que esta acción tiene sobre el medio. En estos momentos, solo el 35 % del tonelaje de agua de lastre diario se somete a él.

En concreto, dicho convenio establece la obligación de que los buques que puedan llevar en su interior entre 1500 y 5000 metros cúbicos de agua, que son la mayoría de los existentes, deben efectuar el cambio de agua de lastre a 200 millas de distancia de la costa más cercana en una zona en la que la profundidad sea igual o superior a los 200 metros. En caso de no ser posible, dicha distancia se reduce a 50 millas.

Respecto al resto de embarcaciones, se establecen diversos controles de microorganismos presentes en el agua para determinar si se debe o no verter el agua de lastre. Asimismo, se requiere que los estados firmantes del convenio dispongan instalaciones en los puertos para recibir los sedimentos incrustados en los tanques a la hora de limpiarlos.

¿Qué tipo de tratamientos existen frente a los problemas generados por las aguas de lastre?

Lo cierto es que, hoy en día, se han desarrollado diversas tecnologías que, en mayor o menos medida, son eficaces en el tratamiento de las aguas de lastre. Todas ellas, por lo general, están destinadas a acabar con los seres vivos presentes en ellas antes de que se viertan de nuevo al mar. Estos son los más importantes:

1. Filtración. El sistema de filtración es el más sencillo y, a la vez, el más extendido de todos los existentes, lo cual se debe a su simplicidad. Y es que, en concreto, consiste en la colocación de sistemas de filtrado por los que debe pasar el agua de lastre antes de volver al mar y que evitan que los microorganismos, hasta un tamaño determinado, puedan atravesarlos.
2. Electrólisis. Consiste en la aplicación de cargas eléctricas y en verter iones de cobre, hierro y aluminio que crean un entorno en el que los microorganismos, bacterias y demás seres vivos presentes en el agua de lastre en el momento de su recogida no pueden sobrevivir.
3. Esterilización por ozono. El ozono es un elemento capaz de acabar, de forma muy rápida y eficaz, con la vida de los microorganismos y las bacterias invasoras presentes en el agua de lastre. Además, no es un agente contaminante y resulta relativamente económico, por lo que también está bastante extendido su uso.
4. Osmosis inversa. Se trata de un proceso por el que el agua puede pasar hacia un lado (el interior del bidón) pero no a la inversa (el mar). Por lo tanto, los seres vivos presentes en ella no pueden llegar a contaminar el ecosistema.
5. Radiación ultravioleta. La radiación ultravioleta también es un buen sistema para tratar el problema que suponen las aguas de lastre. Esto se debe, fundamentalmente, a que muchos de los microorganismos presentes en ella sobreviven en la oscuridad o en condiciones de baja luminosidad producidas por la profundidad. Al aplicarla, se crea un ambiente en el que tampoco pueden sobrevivir.
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Queda claro, tras todo lo que hemos comentado, que las aguas de lastre suponen un problema a nivel mundial, sobre todo, teniendo en cuenta que el comercio ha hecho que la navegación de grandes buques sea imprescindible hoy en día. Sin duda, la aplicación de cualquiera de estos tratamientos e, incluso, la de varios de ellos, unido a la aplicación de las normas marcadas en el Convenio Internacional para el Control y la Gestión del Agua de Lastre y los Sedimentos, es fundamental.

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